El evangelio de la Misericordia.

                                    

Según el Nuevo Testamento, son cuatro los evangelios que se escribieron. Los escritos de estos evangelios fueron atribuidos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Cada uno de estos evangelios tiene características diferentes en cuanto a su aspecto literario. Al evangelio de Lucas le han llamado el evangelio de la Misericordia.

 

Era medico y gustaba de la literatura de aquella época, especialmente la de los Griegos. Vivió en la segunda mitad del siglo I y compuso su obra entre los años 80 y 90 d.c. Su obra esta dirigida a un amigo suyo llamado Teofilo, que significa Amigo de Dios, y se ignora si es un personaje real, un nombre simbólico o un pseudónimo. No conoció físicamente a Jesucristo y tampoco fue testigo ocular de los hechos, incluso ya existían otros evangelios, como el de Marcos, donde basa su estructura literaria y su labor de recabar información como se hacia en aquella época, que era la oral que transmitían los testigos oculares. Lucas conoció tiempo después  a la madre de Jesús y es ella una de esas personas quien le cuenta detalladamente algunas de estas historias, como su embarazo y el de su parienta Isabel, la madre de Juan el bautista y del encuentro que ambas tuvieron antes del nacimiento de sus hijos, un hecho que ninguno de los tres evangelios restantes lo hace y que Lucas transfiere porque Maria se lo narra, incluida la infancia de Jesucristo.

Lc. 1; 39-42  A los pocos días Maria emprendió el viaje y se fue de prisa a un pueblo en la región montañosa de Judea. Al llegar, entró en casa de Zacarías y saludó a Elizabet. Tan pronto como Elizabet oyó el saludo de Maria, la criatura saltó en su vientre. Entonces Elizabet, llena del Espíritu Santo, exclamó; ¡Bendita tu entre la mujeres, y bendito el hijo que darás a luz!

Lucas comparte con Mateo y Marcos muchos detalles de la vida de Jesús, pero también presenta otros que le dan a su evangelio un toque de originalidad. Escrito con mucha soltura, el evangelio de Lucas es una obra estructurada y ordenada en la que aparecen con claridad las diversas etapas del ministerio de Jesús. Algunos especialistas llaman a este evangelio como el Evangelio de la Misericordia. Lo llaman así porque la noticia de la salvación se ofrece a todos los que deseen aceptarlo. Lucas dirige este evangelio a la segunda generación cristiana que estaba inmersa y confundida tanto en contextos culturales y políticos del imperio Romano y a los cristianos no Judíos de aquella época. Lucas intenta atraer nuevamente a esta gente y empieza a contar historias relacionadas a la vida de Jesús. Su obra se compone de dos volúmenes. El evangelio de Lucas y el libro de Hechos. Desde la perspectiva de Lucas, dice que la historia del antiguo testamento, del cual era un fiel conocedor, no es solo una sucesión de acontecimientos, sino el espacio donde se realiza el Plan de Dios. Este plan consiste en salvar a los hombres.

Lc. 2;11  Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas intenta contar los principales momentos en la vida de Jesús y hace ver el alcance universal de la salvación Divina y subraya que la salvación de Dios esta en Jesús y no en Roma. Lucas menciona que el tiempo de la iglesia comienza cuando Jesús desaparece de la historia y es ascendido al cielo; es entonces cuando se ofrece la salvación a todos los hombres. Como en todos los evangelios, Jesús es el centro de atención. En el se ha manifestado planamente la salvación de Dios y Lucas asegura en su evangelio que Jesús es el Mesías, que Jesús es el hijo de Dios, que Jesús es el profeta, pero sobre todo, que Jesús es el salvador. Particularmente en este evangelio aparecen algunas enseñanzas de Jesús. La más notables son el ejemplo del padre amoroso en el hijo prodigo, o el de un extranjero compasivo en la parábola del buen Samaritano. Lucas se muestra interesado en señalar que Dios ama también a la gente de otros pueblos, y que muchas veces los extranjeros  son los más agradecidos. Un detalle interesante en el evangelio de Lucas; dedica en gran parte para hablar del viaje de Jesús a Jerusalén.

Lucas hace referencia en su evangelio que los que quieran participar de la salvación deben hacerse discípulos de Jesús. La conversión de Pedro es un buen ejemplo para iniciar el discipulado. Pero también menciona que hay que reconocer el pecado y renunciar a los bienes de este mundo que son un gran obstáculo para seguir a Jesús. A través de su evangelio conoceremos parábolas como; el hijo de la viuda de Nain. La del hijo prodigo. Los discípulos de Emaús. Lázaro y el hombre rico, todos ellos de una riqueza espiritual invaluable. Lo trascendental en su evangelio, es el paso que da de un mundo a otro mundo. Por un lado el final de su evangelio que narra la ascensión de Jesús al cielo, y por otro el inicio de su libro de Hechos que empieza cuando Jesús es ascendido al cielo y el inicio de sus discípulos en lo que es la gran comisión de Cristo, proclamando su evangelio a todas las naciones del mundo. Lucas fue amigo y discípulo de Pablo y de Pedro y uno de los objetivos de este evangelio, sería demostrar ante las autoridades romanas que ni Jesús ni sus seguidores suponían una amenaza para el imperio Romano. ¿Tú crees que lo haya logrado?. En estos tiempos Jesús sigue siendo una amenaza para el mundo.

Te invito a que leas no solo este evangelio, sino los tres restantes y puedas disfrutar de la riqueza de las expresiones del personaje más notable de nuestra historia; Jesucristo.

 

 Lc. 10; 30-37 El buen samaritano;  Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Así también  llegó a aquel lugar un Levita, y al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un Samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. Cuídemelo –le dijo- y lo que gaste usted de más, se lo pagare cuando yo vuelva. ¿Cuál de estas tres personas piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El que se compadeció de él, respondió el fariseo. Anda entonces y haz tú lo mismo, concluyó Jesús.

 

El hijo de la viuda de Sarepta.

 

                                  Uno de los más bellos sucesos del antiguo testamento,  es la historia de la viuda de Sarepta. El hambre, la desolación y la muerte estaban a los pies de esta viuda, que ve transformar su vida por la mano milagrosa de Dios.

 

Vivía en Sarepta, una región situada en Sidón, y rodeada por ciudades como Tiro, Damasco, Siria, Amon y Palestina. La historia se desarrolla en el antiguo testamento. Aquella viuda recibiría a un hombre enviado por Dios, que le demostraría cuan grande era su poder. En aquellos tiempos la idolatría hacia dioses como Baal y Aserá era común en aquellas tierras, especialmente en Israel, gobernada por Acab, y Dios le había retirado su ayuda por idolatras, convirtiendo toda esa región en tierras áridas, puesto que no había llovido durante años. La viuda recogía leña cuando un hombre la llamo y le dijo; por favor, tráeme una vasija con un poco de agua para beber. La viuda hizo lo que el hombre le pidió, pero mientras lo hacia volvió a llamarla para pedirle también un pedazo de pan, porque tenia hambre. Ella le dijo; ¡vive el Señor, tu Dios, que no tengo nada de pan cocido; solo me queda un puñado de harina en una vasija y un poco de aceite en una jarra! Precisamente estaba recogiendo un poco de leña para preparar algo para mi hijo y para mí; lo comeremos y luego moriremos.

El hombre le dijo; no temas, ve a casa y haz lo que has dicho, pero antes hazme a mí una pequeña porción de pan y tráemela. Para ti y para tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel; no faltara harina en la vasija ni aceite en la jarra hasta el día en que el señor haga caer la lluvia sobre la tierra. La viuda fue e hizo lo que ese hombre le había pedido, y tuvieron comida para él, para ella y para toda su familia durante mucho tiempo. No faltó harina en la vasija ni aceite en la jarra, según la palabra que el Señor pronunció por medio de este hombre, llamado Elías. Poco tiempo después se enfermo el hijo de aquella viuda, y tan grave se puso que finalmente murió. La viuda le reclamo a Elías diciéndole ¿Qué tienes contra mi, hombre de Dios? ¿Has venido a mi casa para recordarme mis pecados y dar muerte a mi hijo? Elías le contesto; Dame a tu hijo. Y arrebatándoselo del regazo, lo llevó al cuarto de arriba, donde estaba alojado, y lo acostó en su propia cama. Entonces Elías clamo al Señor;  Mi Dios, ¿también a esta viuda, que me ha dado alojamiento, la haces sufrir matándole a su hijo? Elías se tendió sobre el muchacho tres veces y clamo al Señor; ¡Mi Dios, devuélvele la vida a este muchacho! El Señor escuchó el clamor de Elías y el muchacho volvió a la vida. Elías tomo al muchacho y lo llevo de su cuarto a la planta baja. Se lo entregó a su madre y le dijo; ¡tu hijo vive! ¡Aquí lo tienes! Entonces la viuda le dijo a Elías;  ahora se que eres un hombre de Dios, y que lo que sale de tu boca es realmente la palabra del Señor.

Elías fue uno de los grandes profetas del antiguo testamento. Era oriundo de Tishbé, en la región de Galaad, al oriente del río Jordán. En los tiempos de este profeta, el pueblo Hebreo que habitaba en el reino de Israel, comenzó a apartarse de la fe y a venerar a los dioses paganos como Baal y  Aserá. El profeta Elías fue enviado por Dios para prevenir a Acab, el Gobernante, de que habría una gran sequía provocado por su idolatría. Pero el rey Acab no le creé y decide matarlo; Dios previene a Elías y lo envía a esconderse a un lugar llamado Querit, un arroyo situado al este del río Jordán. Dios le había dicho a Elías que le enviaría comida con los cuervos y que agua no le faltaría en este arroyo. Tiempo después el arroyo se seco. Dios le dice a Elías; Ve ahora a Sarepta de Sidón y permanece allí. A una viuda de ese lugar le he ordenado darte de comer. Pero la viuda era una mujer muy pobre, puesto que no tenía para comer más que un puñado de harina y aceite. Elías pudo haber reclamado y decir; Dios ¿Por qué no me enviste con un hombre rico? Esta mujer era pobre ¿Cómo iba a alimentarlo? Dios tenía sin duda un gran plan y Elías decide llevarlo a cabo sin objeciones. La viuda por su lado hace lo mismo y obedece lo que Elías le pide. La Biblia dice; y tal como la palabra del Señor lo había anunciado por medio de Elías, no se agotó la harina de la tinaja ni se acabo el aceite del jarro. Tuvieron comida para el,  para ella y para su hijo durante mucho tiempo. El plan de Dios no terminaba para la viuda dándole sustento a Elías. La historia cuenta que su hijo murió y que la viuda, en su desesperación, culpa a Elías de su muerte. De antemano Dios sabia que el hijo de la viuda iba a morir. Lo que la viuda no sabia es que Elías estaría con ella para realizar uno de los más bellos milagros del antiguo testamento. La resurrección de su hijo.

Elías es considerado un gran profeta. Muchos creyeron que Juan el Bautista fue el Elías que vino al mundo a preparar el camino de Jesucristo. Malaquias lo anunció; He aquí, dice el Señor, yo envío mi mensajero, el cual preparara el camino delante de mí. Y también dice; mirad, yo os envío al profeta Elías, antes de que venga el grande y temible día del Señor. El convertirá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres. No sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. La historia del milagro del hijo de la viuda de Sarepta, nos da una gran lección;  confiar ciegamente en Dios, tal y como Elías lo hizo. Elías depositó toda su confianza en Dios y sabia que le concedería lo que le había prometido. Y Dios cumplió sus promesas.

El hombre más odiado sobre la tierra.

  

Alguna vez en tú vida te has preguntado quien sería para ti el hombre más odiado sobre la faz de la tierra. Si tomáramos en cuenta sus acciones en contra de la humanidad, posiblemente encontraríamos una larga fila de nombres de hombres cuya reputación no esta considerada como para recordarlos positivamente. Sin embargo, en esta lista se encuentra el nombre de un personaje que en lo personal tiene todos los atributos para estar en el numero uno de la clasificación del hombre más odiado sobre la faz de la tierra. Su nombre es Judas Iscariote, el hombre que traicionó a Jesucristo y lo vendió por treinta denarios a los sacerdotes de aquel tiempo, llamados fariseos.

La historia empieza cuando Judas Iscariote, hijo de Simón, es elegido por Jesús como uno de sus doce discípulos. No era Galileo, sino oriundo de otra provincia, pero Judas se las ingenia para ser considerado como el administrador financiero del grupo. Judas Iscariote, decide hacer un trato con los sacerdotes que deseaban matar a Jesús, y lo vende por treinta monedas de plata. Es en el monte de los Olivos, al otro lado del arroyo de Cedron, a donde Judas llega a la cabeza de un destacamento de soldados y guardias de los sacerdotes para arrestar a quien, un poco antes, había sido su maestro. Se dice que Judas le da un beso en la mejilla como señal de que él era, de ahí la famosa frase de Jesús que le dice; con un beso me traicionas, Judas.

El evangelio de Judas, libro apócrifo y de poca confiabilidad histórica, resalta algunos aspectos como estos. Dice que Jesús y Judas eran amigos desde la infancia, y que Jesús lo había escogido para ser el quien lo traicionara, situación que molestaba a Judas, quien se negaba a hacerlo, porque lo amaba. Finalmente Jesús logra disuadirlo porque le hace una gran promesa; llevarlo al cielo junto a el. Sin embargo, las sagradas escrituras narran lo confiable de esta versión histórica, incluso el Pastor Alexander B. Bruce cita de Judas algunas características interesantes de su personalidad. Lo ve como una persona egocéntrica, que solo buscaba sus intereses propios. Era una persona que se engañaba así misma, que sabia y apreciaba lo bueno, aunque no lo practicaba; en pocas palabras un hipócrita. Era una persona cuyos sentimientos estéticos, imaginación e intelecto, tenían afinidad con lo noble y lo santo, es decir se cubría con una apariencia de santo. Era una persona cuya voluntad y conducta, eran esclavas de pasiones viles y egoístas. Era una persona de doble ánimo, es decir, como podía hacer el bien, que hacer el mal. Era una persona que se amaba así misma más que a cualquier otra cosa, incluido a Cristo. Y era una persona que actuaba de mala fe.

Judas Iscariote tenía todos los atributos necesarios para ser un traidor. ¿Pero por que se convierte en un traidor? ¿Por qué decide traicionar a su maestro? Existen diferentes versiones, pero finalmente todas estas llegan a ser meras especulaciones. Lo más cercano es la descripción que el apóstol Juan hace de el en su evangelio. Por ejemplo, el aposto Juan dice que era una persona con Codicia. En su evangelio, Juan narra que Jesús es invitado a cenar a casa de Lázaro, a quien había resucitado. Una mujer llega y le unta un caro perfume en los pies y luego los seca con su cabellera. (Juan 12:4) Judas, que era uno de los discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó ¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobre? El aposto Juan lo consideraba un ladrón. (Juan 12:6) dijo esto, no porque se interesara en los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella. También le fue reconocido su sed de venganza hacía Jesús. Judas no soportaba que le llamaran la atención en público. Juan ilustra el pasaje en su evangelio (Juan 12:7) cuando le dice; déjala en paz, respondió Jesús. Judas tenía una avaricia comprobada y quien mejor que Juan para corroborarlo. En su evangelio, Juan nos dice que a la hora de la cena, aquella ultima cena de Jesús y sus discípulos, el diablo ya había incitado a Judas Iscariote, para que traicionara a Jesús. Judas demostró que su amor a Cristo era frió y calculador y que estaba rodeado de celos y rencor. Judas no era galileo, sino oriundo de otra provincia y peleaba el derecho de ser considerado el más importante en el cielo, aunque pensaba que el simple hecho de no ser galileo le quitaba la posibilidad de serlo. Pero el hecho de ser elegido por Jesús como uno de sus discípulos ya era suficiente. Fue el mismo Jesús quien eligió a Judas y cuando lo conoció, mirándolo cara a cara, el ya sabia que Judas seria quien lo traicionaría. Juan narra en su evangelio que Jesús les dijo; yo se a quien he escogido. La Biblia dice que Jesús se refiere a Judas como la persona que lo traicionaría, y luego agrega; (Mateo 26:24) a la verdad el hijo del hombre se ira, tal y como esta escrito de el, pero ay de aquel que lo traiciona, más le valdría a ese  hombre no haber nacido. Además estaba escrito que Jesús seria traicionado. La Biblia dice (Salmos 41; 9) hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla.

Con su traición Judas renuncia a su lealtad a Cristo, se convierte en traidor y se vuelve al diablo. Juan 13: 27 dice; tan pronto como Judas tomo el pan, Satanás entró en el. El Lado opuesto de la conversión es la traición. Saulo se convirtió al cristianismo sin conocer físicamente a Jesús. Judas conoció a Jesús y lo traiciono. Judas fue elegido para ser compañero del hijo de Dios. Y de ver y escuchar sus obras, antes predicando el evangelio y echando fuera demonios, ahora Judas estaba poseído por el diablo y obligado a realizar actos condenables, como quitarse la vida. (mt. 27; 3-5)

Solo cuando Judas abandona a Jesús, el diablo entra en el. Solo cuando Judas decide dejar la luz, entra en la oscuridad. ¿A cuantas personas conoces así?

Querido Lector. Finalmente quiero decirte que este pasaje nos deja una importantísima lección que sin duda será de beneficio para ti.  No. 1 la paciencia  y  No. 2 la tolerancia al mal. Jesús sobrellevo el peso con paciencia y como una carga secreta en su corazón.

 

La más grande historia de amor de todos los tiempos.

La más grande historia de amor de todos los tiempos.

 

Las historias de amor siempre han existido y hacen que nuestro corazón se agite de emoción. Historias como Romeo y Julieta de William Shakespeare, cuya frase celebre El hombre a quien más odiaba, es ahora a quien más amo, ha seducido a miles de espectadores. Contrasta con Historia de Amor de Erich Segal, en la que el autor nos hace suponer que el amor es, dentro del límite de la tolerancia, la más grande de las paciencias. O la historia de, Amor Ciego, del Francés Patrick Cauvin, que precisamente nos hace reflexionar en que el amor es, a veces, como su protagonista, ciego en realidad. Y no se diga del Amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, en la que nos hace presentir que la esperanza es lo último que muere, y de la trágica redención en la historia de cumbres borrascosas de Emily Bronté. Todas ellas tienen conceptos diferentes en cuanto a qué es el amor, pero hay una sola historia de amor que cuenta  con todos los atributos del significado de amor, y va desde el sacrificio hasta la muerte por lograr la conquista de quienes, a pesar de todo, siguen inmersos en la indiferencia.

Esta es la más grande historia de amor de todos los tiempos. Durante el envío de sus cartas a la congregación Cristiana Romana, el Apóstol Pablo les dice;  por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte y fue así como la muerte entró a toda la humanidad porque todos pecaron. Hablaba de Adán y de Eva. Dios los había creado para habitar un hermoso lugar al que le llamó paraíso, pero su desobediencia los indujo a pecar en contra de Dios y esto provoco su expulsión de ese lugar y su separación con el. Este pecado provocaría la muerte física en estos personajes, de modo que el pecado fue transmitido a todos sus descendientes, los cuales tendrían el fin en la muerte. Pero su separación con Dios no solo provocó el pecado y genero la muerte física, sino que además la humanidad quedó en poder de quien es amo del pecado; el demonio. Desde entonces el mundo ha sido gobernado por el demonio.

A partir de ese momento, Dios empieza un plan para rescatar a su pueblo del dominio del demonio y se basa en profetas para dar a conocer que tiene un plan para salvar a la humanidad. Dios dijo; ya no demoraré más. Yo le daré a Jerusalén la salvación y mi honor al pueblo de Israel. A prometido un salvador en la descendencia del rey David y le dice; yo pondré en el trono a uno de tus descendientes y afirmaré su reino. Este salvador traerá justicia, tal y como Isaías lo profetiza: del tronco de Isai brotara retoño: un vástago nacerá de sus raíces. El espíritu del Señor reposara sobre él: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor al Señor. El se deleitara en el temor al Señor; no juzgara según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir, sino que juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo a favor de los pobres de la tierra. Era el Mesías prometido en las escrituras lo que el pueblo de Jerusalén esperaba con ansia. El profeta Daniel, sin embargo, habría de dar cuenta del  tiempo en que este Mesías prometido debía aparecer en la tierra; habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del príncipe elegido. La llegada del Mesías ha sido contemplada bajo la expectativa de salvación y como es de suponer, el pueblo de Jerusalén espera la aparición de un príncipe guerrero que lo rescate de la esclavitud del pueblo Romano. Bajo esta expectativa de un Mesías militante, el profeta hace realidad lo que dijo; la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamaran Emmanuel (Dios con nosotros) y respecto de su nacimiento también se profetizó; pero tu Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres las menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel.

El milagro se hace patente. Dios se ha hecho un hombre perfecto en su hijo Jesús y la profecía de salvación empieza a hacerse realidad. El profeta Isaías había señalado tiempo atrás; el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido. En efecto. Jesús es reconocido como el salvador por un hombre Judío de nombre Simeón. Las escrituras dicen que este hombre era justo y devoto y el espíritu santo estaba sobre el. A pesar de ser un fariseo, puede reconocer su presencia siendo Jesús apenas un niño cuando José y Maria lo llevan al templo a presentarlo al Señor según la costumbre Judía. La Biblia dice; Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios. Según tu palabra, soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.

Jesús inicia el plan de salvación, pero su arma no es una espada poderosa como suponían, sino una arma más  bella y eficaz; su palabra. Con el termino de Evangelio (buena nueva), Jesús inicia su predicación anunciando; Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos esta cerca. Utiliza parábolas para hacer más sencillas las explicaciones y reúne un grupo de 12 personas a quienes hace sus discípulos. Sana enfermos, hace milagros antes no vistos, expulsa demonios y resucita a muertos. La fama del Mesías se extiende en toda Galilea y la gente acude a verlo en grandes cantidades, como aquella vez en el monte, en su famoso sermón del monte o en aquella otra donde reunió a más de 5000 hombres a quienes dio alimento cuando no había mas que un pan y un pez.

Dios había anunciado por medio del profeta Isaías lo siguiente; éste es mí siervo, a quien he escogido, mi amado, en quien estoy muy complacido; sobre el pondré mí espíritu, y proclamara justicia a las naciones. No disputara ni gritara; nadie oirá su voz en las calles. No acabara de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia. Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza. Todo estaba  preparado. Los últimos acontecimientos se estaban dando para el inicio de su final. Para constatarlo, Jesús les hace una pregunta a sus discípulos; ¿Quién dicen  que soy yo? Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente, respondió Pedro. El hijo del hombre –les dijo Jesús-  ha de venir en la gloria de su padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Les aseguro que alguno de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al hijo del hombre llegar en su reino. Jesús sabía que el momento había llegado. Había anunciado su palabra y la gente estaba efervescente y él sabía que era el momento esperado, de modo que tenía que hacerse realidad la profecía: Mira, tu rey viene hacia ti, humilde y montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga. Jesús envió a dos de sus discípulos con este encargo; vayan a la aldea que tienen enfrente, y ahí mismo encontrarán una burra atada, y un burrito con ella. Desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, díganle que el señor los necesita, pero que ya los devolverá. Los discípulos fueron e hicieron como los había mandado Jesús. Llevaron la burra y el burrito, y pusieron encima sus mantos, sobre los cuales se sentó Jesús. Había mucha gente que tendía sus mantos sobre el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las esparcían en el camino. La gente que lo veía pasar gritaba; ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando al fin Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió ¿Quién es este?, preguntaban. ¡Es el Mesías!, contestaba la gente.

Continuara…

La más grande historia de amor de todos los tiempos. (2a. parte. Sacrificio)

                

 El amor implica sacrificio. El más grande ejemplo es este; Dios amo tanto al mundo, que dio a su hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga una vida eterna.

El enfrentamiento por la salvación de la humanidad inicia cuando Jesús es enviado al desierto para ser tentado por el demonio. La Biblia narra que Jesús estuvo en el desierto durante 40 días y 40 noches sin probar alimentos. El demonio lo tienta tres veces, la primera le dice; has que estas piedras se conviertan en pan. Jesús respondió; no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Jesús no cede en ninguna de las tentaciones y permanece fiel a su padre. Satanás sabe que la única manera de vencer a Jesús será por medio de la muerte, para esto habrá de valerse del rencor humano para poder consumar su objetivo. 1). No permitirá que Jesús sea reconocido por su gente. 2). Los fariseos y maestros de la ley buscaran por todos los medios posibles llevarlo a la muerte. 3).  Provocara traición en uno de sus amados discípulos.

Jesús recorre caminos con el único fin de mostrar sus enseñanzas. Jesús decía; no acumulen tesoros para sí, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Porque donde esta tu tesoro, allí estará tan bien tú corazón. Encuentra respuesta en la gente, sobre todo la marginada, la necesitada y la enferma. Pero Jesús dijo que los sanos no necesitaban un medico, sino los enfermos. La voz del profeta Isaías habría de cumplirse cabalmente; él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores. Encuentra oposición en algunos sectores, pero Jesús les ha dicho; a cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi padre que está en los cielos. Jesús advierte que no ha venido a traer paz a la tierra y dice; pondré al hombre en contra de su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra. Los enemigos de cada cual serán de su propia familia. Pero también alienta a los que lo siguen; vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontraran descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Nuevamente el reconocimiento de fe proviene de un hombre ajeno, no de los suyos, sino de un oficial Romano que le implora sanar a uno de sus sirvientes. Cuando Jesús le dice que lo lleve ante este sirviente, el oficial Romano se declara indigno de llevarlo a su casa, mejor, le dice, bastara una sola palabra suya para que mí sirviente sane. Jesús les dice a sus discípulos; les aseguro que no he encontrado a nadie con una fe tan grande. O la fe de una mujer enferma, que padecía sangrados desde hacia mucho tiempo. La mujer se empeña en tocar tímidamente el manto del Mesías, pero es tal su fe que Jesús la siente en su alma y pregunta; ¿Quién me ha tocado? Una vez que la pobre mujer le indica que ha sido ella, Jesús le toca la frente con la mano y le dice; has sanado porque tu fe ha sido grande. Ante estos acontecimientos podíamos imaginar que la gente se arrodillaría ante este hombre. La Biblia dice lo contrario; aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden. El profeta Isaías lo había advertido tiempo atrás; por mucho que oigan, no entenderán, por mucho que vean, no percibirán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se le han embotado los oídos, y se le han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían y yo los sanaría.

Jesús sabe que la hora esta cada vez más cerca. Incluso predice su muerte y les dice a sus discípulos; el hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley. Ellos lo condenaran a muerte y lo entregaran a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen.  La Biblia dice; Dios no envío a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de el. Los fariseos han tramado algunas trampas para hacer caer al maestro, como el pago de impuestos al Cesar, situación que no hace vacilar a Jesús cuando lo increpan; ¿esta permitido pagar impuestos al Cesar? Jesús dice; lo del Cesar al Cesar y lo de Dios  a Dios. Y la mujer adultera a quien Jesús salva de ser apedreada cuando hace una sola pregunta a sus agresores; ¿Quién de ustedes esta libre de pecado? De todas las injurias sale Jesús victorioso. Los fariseos y maestros de la ley no soportan, sin embargo, que Jesús se proclame así mismo ser el Hijo de Dios, y lo consideran una blasfemia. Jesús los llama hipócritas, guías ciegos, camada de víboras y les advierte; ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuantas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! Pues bien, la casa de ustedes va a quedar abandonada. Y les advierto, que ya no volverán a verme hasta que digan; ¡Bendito el que viene en el nombre del señor! No tienen otra alternativa y conspiran su muerte. Encuentran un aliado en un hombre ambicioso y le ofrecen una cantidad de dinero. Su nombre era Judas y era uno de sus discípulos. Su pago fue 30 monedas de plata.

El Mesías esta angustiado por lo que viene, pero es humilde y muestra obediencia y fidelidad. El plan para rescatar al mundo del pecado sigue de acuerdo a la voluntad de su padre y Jesús esta dispuesto a terminarlo según lo anunciado; el murió en la cruz para que nosotros pudiéramos ser perdonados, porque Cristo murió por los pecados una vez por todos, el justo por los injustos, a fin de llevarnos a todos los hombres a Dios. Jesús demuestra voluntad al orar así ante su padre; Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tú voluntad. La traición, finalmente, se ha consumado, sin embargo el trago amargo es cruel al descubrir que no solo es Judas quien lo traiciona, sino todo el mundo. El arresto se hace patente bajo una sensible recriminación; ¿acaso soy un bandido, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Todos los días me sentaba a enseñar en el templo, y no me prendieron. El momento de la verdad ha llegado. Jesús ha orado ante su padre para pedirle; Glorifica a tu hijo, para que tu hijo te glorifique a ti, ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tu has enviado. Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.

Es llevado a Pilatos, quien le pregunta; ¿eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió; tú lo has dicho. Han sido tu propio pueblo y los jefes de los sacerdotes los que te entregan a mi ¿Qué has hecho para merecerlo? La Biblia dice que Jesús reconoce en ese momento, ante la pregunta de Pilatos,  que su reino no es de este mundo “si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los Judíos me arrestaran”. El que reconoce su inocencia es el propio Pilatos, quien dice a los que le han enviado ante el; yo no encuentro que este hombre sea culpable de nada. La multitud presiona a Pilatos para que lo crucifique, pero este manda azotarlo. La Biblia dice; los soldados, que habían tejido una corona de espinas, se la pusieron a Jesús en la cabeza y lo vistieron con un manto de color púrpura, ¡viva el rey de los judíos!, le gritaban, mientras se le acercaban para abofetearlo. No era suficiente el martirio. Jesús permanece ensangrentado, golpeado, lastimado y exhausto cuando, una vez más, escucha que su pueblo le da la espalda. Han elegido a un bandido llamado Barrabás para ser libre a cambio de la muerte de, quien hasta hace poco, era considerado el Mesías. Pilatos se lava las manos mientras el pueblo gritaba ¡crucifícale!...

Continuara…

La más grande historia de amor de todos los tiempos. 3a. parte 100%

             La más grande historia de amor de todos los tiempos. (3ª. Parte 100%)

 

El amor es incondicional. ¿Cuándo das amor lo condicionas o lo entregas por entero? ¿Hasta donde estarías dispuesto a llegar por amor?  Si hablamos de sacrificio y de entregarlo todo a cambio de nada, entonces lo ideal sería un amor que se da al 100%. Jesucristo lo dio al morir en una cruz para toda la humanidad.

 

Satanás lleva la delantera. Ha provocado temor en uno de sus amados discípulos, que lo ha negado tal como Jesús le predijo “antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces”. Es abandonado por los suyos, rechazado y condenado por los jefes espirituales; Jesús esta solo ante su destino. Poncio Pilatos ha decidido ceder a la demanda del Pueblo dejando en libertad a Barrabás, sin embargo a quien por mucho tiempo esperaron como el Mesías, ahora desean su muerte. Los soldados romanos cubren el maltrecho cuerpo de Jesús con sus vestidos blancos, que impide mostrar las huellas de un castigo severo y excesivo. Colocan sobre su cabeza una corona de espinas y la sangre fluye fácil sobre su cien. Se han burlado de el, lo han escupido y finalmente deciden llevarlo al Gólgota para crucificarle. El profeta Isaías lo había anunciado: ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro. La Biblia dice; tú bien sabes cómo me insultan, me avergüenzan y denigran; sabes quiénes son mis adversarios. Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la encontré. En mi comida pusieron hiel; tuve sed y me dieron vinagre.

Como oveja, fue llevado al matadero; y como cordero que enmudece ante su trasquilador, ni siquiera abrió la boca. Lo humillaron y no le hicieron justicia. ¿Quién describirá su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra. Es crucificado como un delincuente peligroso, igual que a los dos que han puesto, uno a su derecha y otro a su izquierda. Uno de ellos le ha dicho; “¿no eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo”. El criminal que esta a su derecha lo reprende; ¿Ni siquiera temor tienes de Dios? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos, pero este hombre no ha hecho nada malo. Luego dijo; Jesús acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso, le contesto Jesús. Los soldados romanos echan suerte para repartirse la ropa del Mesías. El evangelista Lucas ha contado; la gente, por su parte, se quedó observando, y aun los gobernantes estaban burlándose de él. Los que pasaban meneaban su cabeza y blasfemaban contra él; tú, que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el hijo de Dios, baja de la cruz!  Arriba de la cruz pendía un letrero que decía a manera de burla; “Éste es el rey de los Judíos”.

Aquella tarde habría de recordar el rechazo de su pueblo, cuando fue abierto el libro de Isaías que decía; Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. Habría de recordar la traición de su discípulo Judas y el abandono de los demás cuando lo apresaron. Recordó cuando el pueblo entero lo abandono a su suerte, a un castigo inclemente que sufrió en manos de los soldados Romanos y las burlas de las que fue objeto, y aun ahora que estaba próximo a morir lo hacían. Lo recordaba todo, pero en su corazón no existía rencor alguno, incluso cuando un oficial Romano extendió una esponja con vinagre para que bebiera de ella, Jesús no le recrimino ni con el pensamiento, por el contrario, levantó el rostro al cielo e imploró, como se implora por unos niños que hacen travesuras; ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen! Jesús sabe que ha llegado el momento. Ha tenido que recordar el motivo de su condena, que fue, como pretextaron los judíos, hacerse pasar como el hijo de Dios. Poncio Pilatos le preguntó ¿De donde eres tú?; ¿no te das cuenta de que tengo poder para ponerte en libertad o para mandar que te crucifiquen? Jesús le contestó; no tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado desde arriba. En efecto, Poncio Pilatos solo cumplía lo que Dios le había ordenado que hiciera. Pilatos cumplía la voluntad de Dios sin conocerlo, esa voluntad que Jesús estaba próximo a respetar en su cumplimiento total. Todo debe suceder según al plan salvifico de su padre. Jesús se ha mantenido fiel hasta el final.  Sabe que el camino escogido en la encarnación  no es la manifestación aparatosa e imponente de la divinidad sino de la manifestación discreta y respetuosa de la libertad del hombre. Y el momento de la culminación llego. La Biblia narra; desde el medio día hasta la media tarde, toda la tierra quedó sumida en la oscuridad, pues el sol se oculto. Como a las tres de la tarde Jesús gritó; ¿Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado? Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos. En ese momento exclamó; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. Los soldados romanos que lo custodiaban, vieron el terremoto y quedaron asustados. Uno de ellos exclamó ¡verdaderamente, este era el hijo de Dios! Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea, se quedaron observando la escena desde lejos. Se había cumplido lo escrito por el profeta Amós que dijo; En aquel día, dice el Señor, haré que el sol se ponga a mediodía, y que en pleno día la tierra se oscurezca. Convertiré en luto sus fiestas religiosas y en cantos fúnebres todas sus canciones. Los vestiré de luto y les afeitare la cabeza. Será como si lloraran la muerte de un hijo único, y terminarán el día en amargura. Jesús ha pagado con su muerte el costo de nuestros pecados.

Todo esta consumado. El triunfo del maligno esta cerca y Jesús habrá pasado a ser uno más en la lista de los profetas. La Biblia dice que Jesús fue puesto en una tumba vacía perteneciente a un hombre rico de la provincia de Arimatea, llamado José. Cuenta que también  Nicodemo llegó con unos treinta kilos de una mezcla entre mirra y perfumes para untarlo sobre el cadáver, y entre ambos lo envolvieron con sabanas y vendas blancas de lino y lo depositaron en ese lugar, frente a una huerta. La tumba fue cerrada por una roca enorme, custodiado por soldados romanos. El Mesías ha muerto y nada era para los sacerdotes y fariseos hallar mejor testimonio que este, incluso lo dicho por Jesús, que levantaría el templo en tres días,  sería tan falso como haberse proclamado así mismo hijo de Dios. Ellos ignoraban que el templo del que hablaba era su propio cuerpo. Finalmente el triunfo sobre el maligno llegó al tercer día; Jesucristo ha resucitado. El plan de Dios se ha cumplido con la muerte de su hijo único al que ha entregado para el perdón de los pecados y al que ha resucitado para esperanza de toda la humanidad de una vida eterna.

Jesús entregó su vida sin miramientos y nos dio una muestra de su amor al 100%. Esta es la mas grande historia de amor de todos los tiempos, la de un hombre que amó a la humanidad sin importarle credo, raza, color e idioma. El vino a rescatarnos del pecado en manos del maligno a costa de su vida. La Biblia dice; por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte paso a toda la humanidad, y todos se convirtieron en pecadores. Pero el pecado de Adán no puede compararse con el regalo de Dios. Pues si por el pecado de un solo hombre todos murieron, cuanto más el don que vino por el regalo de un solo hombre, Jesucristo, que abunda para todos nosotros. Así como un solo pecado causo la condenación de todos nosotros, también un solo acto de justicia produjo la justificación de tener una vida eterna. Jesucristo no solo perdonó nuestros pecados, además nos da la oportunidad de tener una vida eterna a su lado. La Biblia dice; si hemos muerto con Cristo, confiamos también que viviremos con el. Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Jesucristo entregó su vida por cada uno de nosotros, la pregunta es ¿Qué hemos hecho nosotros por Cristo para recompensar su sacrificio? Sabemos ahora que Cristo vive y que esta sentado a la derecha del padre y  espera tener una relación personal con cada uno de nosotros. La Biblia dice; entonces Jesucristo resucitó de entre los muertos para mostrar que podía darnos la vida eterna. Dios ha mostrado su amor por nosotros, es tiempo de responder a su amor haciendo algo por él ¿Cuál es la respuesta? Creyendo en Jesucristo como nuestro salvador y dejando que él sea quien lleve nuestra vida. La Biblia dice que si confiesas con tu boca que Jesús es el señor, y crees en tú corazón que Dios lo levanto de entre los muertos, tendrás la salvación. El paso para hacerlo y tener una relación personal con Dios es confesarlo con esta palabras: Querido Dios, sé que mi pecado me ha separado de ti, y confieso mi pecado. Estoy arrepentido. Reconozco que me amas y que enviaste a Jesucristo a morir en la cruz, tomando mi lugar, y llevando sobre si la carga de mi pecado. Gracias. Quiero arrepentirme de mi pecado y comenzar a seguirte y a servirte. Me doy entero a ti. Comienza, por favor, a dirigir mi vida. Gracias por darme una vida nueva. En el nombre de Jesús te lo pido, amen.

El regalo de la salvación es la prueba de amor más grande que pueda darte Jesucristo para comprobar que te ama. La sangre que derramó en la cruz es el testimonio de su veracidad. ¿Vas a rechazar su invitación? Cuando alguien se acerque a ti y quiera hablarte de Cristo, no cierres tu mente ni endurezcas tú corazón. El apóstol Pablo ha dicho; “Era necesario que les anunciáramos la palabra de Dios primero a ustedes. Como la rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, ahora vamos a dirigirnos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor; te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra”. Jesús dijo; el que tenga oídos, que oiga.

Fin.

LA SALVACIÓN.

LA PALABRA POR MEDIO DE LA BIBLIA.

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